¡Atención! Errejón deja su acta de diputado…

¿Saben de aquella situación tan novelesca como típica de los dramas de las sagas propietarias, en la que un puñado de ambiciosos legatarios se disputan la herencia familiar? Y que mientras pelean, la hacienda, la casa familiar y todas las heredades caen en la más triste de las ruinas. Pues bien, den nombre a los herederos: Carmena, Iglesias, Errejón… y sustituyan herencia por “el legado del 15M” y tendremos una imagen aproximada del último culebrón de la Nueva Política madrileña.

Entre estos herederos hay sin duda diferencias éticas y políticas notables. De Carmena apenas se puede decir que ella considera la hacienda familiar como suya por derecho. La ex jueza tiene demasiado orgullo como para entender qué le llevó a ganar la alcaldía de Madrid, a excepción (claro está) de sí misma, su prestigio y sus ocurrencias. Carmena tampoco engaña: nunca se ha reconocido en esa corriente que se desató en mayo de 2011 y concluyó en el proceso de Ahora Madrid. Ella es ella; el programa de Ahora Madrid, una lista de sugerencias; su equipo, un puñado de buenos muchachos; y la candidatura, una lista de voluntarios. Para terminar de rematar, la alcaldesa ha declarado que si no gana, se retira. La formación de Más Madrid bien podría llamarse “Más Manuela”.

Entre Errejón e Iglesias las cosas son algo más complejas: hermanos ambiciosos disputan los despojos, aunque lo que al final quede no sea más que eso, despojos. La apuesta de Errejón tiene perfiles tan difíciles como su relación con Pablo. En un cierto sentido, es gratuita. Errejón era el candidato de Unidos Podemos a la Comunidad de Madrid. Disponía, a falta de la inclusión de la cuota de Izquierda Unida, de la mitad de una lista salida de primarias. Y podía presentarse sin mucho estorbo de la dirección pablista. En otro, sin embargo, la preciosa carta firmada con Carmena –no se la pierdan si aun no la han leído– constituye una declaración de independencia: el fin de su sujeción a Pablo y su verdadera salida de la crisálida, convertido en una mariposa con forma de duopolio: Carmena-Errejón. Por eso, la tenaza carrillista de Iglesias ha saltado como un resorte para tratar de cortarle las alas y la amenaza, ya casi efectuada, de expulsarle del partido.

Errejón insiste en que su opción es necesaria, que quiere “recuperar la ilusión de la gente”, que de hecho ya la está recuperando y que hay que superar las polémicas de partido. Más Madrid (versión Comunidad de Madrid) se nos presenta así como un grito de esperanza. A medida que se suceden las entrevistas en la Ser, La Sexta, etc., una parte nada despreciable de la sociedad oficial va recogiendo la invitación del chico de Pozuelo. En los tiempos del caballo de Abascal y el retorno de Aznar, muchos quieren esperanza. Y Errejón habla con una rama de olivo en el pico.

El argumento político de Errejón no resulta difícil de comprender. Como casi todo en su rápida trayectoria política, obedece a la disciplina del marketing. ¿Recuerdan aquellos tiempos de velocidad, la célebre “ventana de oportunidad”, “el blitzkrieg” y su genialidad en campaña y en la “resignificación” de viejos símbolos? No estamos tan lejos. Errejón y los suyos razonan: tras cinco años de purgas internas, peleas intestinas y ataques mediáticos, la marca morada está agotada… ergo cambiemos de marca. Y aquí acaba todo. O empieza todo con Más Madrid: la ilusión, el encantamiento, la victoria. En términos de ideas, sin embargo, Errejón no nos ofrece más que versiones más apuradas y menos precisas de “la gente es la patria” (con alabanza a la moda rojigualda) y de la inevitable alianza con el PSOE. O, en otras palabras, lo mismo que los Iglesias, Echeniques, Monteros.

A la espera, no obstante, de que la “ciudadanía” de Madrid se hipnotice y caiga presa del encanto de la nueva marca, debemos considerar sus posibilidades de éxito. ¿Podrán Errejón-Carmena detener el bloque reaccionario? ¿Se cifra aquí su éxito? ¿Es realmente la victoria electoral la clave de su éxito?

Comencemos por lo obvio, ganar Madrid se ha puesto cuesta arriba. El problema no es solo interno a la izquierda. No es solo que Podemos se haya vuelto invivible para cualquier espíritu generoso, que se haya liquidado la enorme energía hecha de círculos y expectativas, amén de la acumulación de errores y bandazos políticos. El problema es cómo hacer frente al turno conservador, al Babieca de Abascal, a una ola de restauración y reacción contra la que no hay mucho que enfrentar salvo agitar la bandera, ahora sí, como símbolo de los pobres.

La derecha además innova: ha sabido jugar con armas prohibidas a la izquierda. ¡Anatema! La derecha se ha fragmentado, se ha dividido. Y hoy tenemos a liberales, conservadores y neofranquistas (tocados por la magia de Bannon) en tres partidos distintos que recogen votos en todos los caladeros que anhelan seguridad, orden y meritocracia. ¡Cuánto suena esto también a Podemos!

Por contra, en la estrategia Carmena-Errejón no hay más que un perfil principal de voto, por resumir mucho, el progre consciente. Sin raíces sociales y sindicales, en el duro suelo de la polarizada sociedad madrileña todo parece disputarse en el campo mediático de las buenas formas y las buenas costumbres. Es el mismo target del PSOE, por no decir que es el nicho del PSOE. Respecto de lo que en Madrid queda de la “cultura de izquierdas”, se espera que se acople electoralmente dentro de las marcas subordinadas a la dirección Carmena-Errejón (Podemos, Izquierda Unida, Equo, etc.). De todo lo demás (los colectivos precarizados, los no integrados en la sociedad oficial, los expulsados de las clases medias), como de costumbre, se tiene poca idea y aún menos fuerza. Con estos mimbres, parece muy, pero que muy difícil, que la suma del PSOE con el nuevo PSOE sea mayor que la de PP, Cs, Vox. No es un secreto. Errejón y los suyos lo saben y por eso apelan el “efecto esperanza”. Desgraciadamente en este cálculo se confunde efecto y causa. No parece que el llamamiento a la ilusión acabe en profecía autocumplida.

Si lo anterior es correcto, puede que el éxito de Errejón no esté tanto en ganar Madrid, como en superar al PSOE. En ese caso, Errejón se convertirá (al igual que lo que deje Carmena) en la única oposición a las derechas madrileñas. Consuelo para algunos, al tiempo que otros señalarán de nuevo la falta de mordiente y de conexión con sectores y luchas vivas del duopolio. De todos modos, si de lo que se trata es de renovar al PSOE, superándolo con la nueva marca integradora, habrá que recordar lo poco que éste ha servido como oposición a los largos años del gobierno Aguirre-Gallardón.

En este punto, algún lector protestará: “Muy bien, entonces ¿cuál es la alternativa? ¿Podemos? ¿IU?”. Me temo que mi respuesta es que no la hay, al menos hoy, al menos en el ámbito electoral. Al igual que Errejón parece conformarse como una particular renovación del PSOE, la otra izquierda (la de Podemos e IU) parece decantarse como la renovación de la izquierda.

Consideremos por un minuto el papel de Izquierda Unida. Presa del miedo atávico a romper la izquierda, ha visto aterrorizada cómo Podemos iba batiendo sucesivos récords de degeneración y purga interna, más allá de lo que hiciera en su más lóbrega etapa el Carrillo más estalinista. Incluso depurada de su pasado menos confesable (los Pérez, los Santín, etc.), la nueva IU de Madrid no ha superado el “síndrome Anguita”, acusado de hacer pinza con la derecha. Le espanta que le insinúen que alguien que conoce a alguien podría sugerir que ellos son, quizás, a lo mejor, “casi”, responsables de algo parecido a dividir a la izquierda. Todas sus declaraciones insisten en lo mismo: IU quiere ser “cemento de unidad”, y esto, incluso cuando dejan caer lo más obvio: que hace falta otra candidatura “de izquierda”, tanto al ayuntamiento como a la comunidad.

En lo que se refiere a Podemos, reducido a los fieles a la iglesia de Iglesias, tampoco se esperen sorpresas. Amagarán de la forma más cainita con una candidatura propia, para la que carecen de más legitimidad que la de sus siglas. Pero si el asunto es difícil y no lo ven claro, si sus posibles candidatos no despegan (y no es probable que despeguen) aceptarán unos puestos bajo mando de Errejón. En el mejor de los casos, presentarán una candidatura propia con IU, lo que permitirá recoger por separado algún voto más que reunidos en el proyecto de Más Madrid. Eso sí, en el Ayuntamiento irán con Manuela, haciendo alarde de otra contradicción.

¿Y el resto? El conglomerado de activistas, militantes y movimientos sociales, sindicales, culturales observa en su mayoría atónito una situación para la que no tienen mucha solución. Ahora Madrid trató de ser un experimento de lo que podría ser una candidatura social y no partidaria. El sueño fue rápidamente engullido por la política mediática de Podemos y Carmena, el desprecio a sus demandas y la acusación de estar “desconectados” de la gente. Son heridas difíciles de curar.

En el mejor de los casos, para este sector, el actual bloqueo va más allá de la izquierda electoral. Este problema es sencillo de formular y complejísmo de resolver. Los proyectos de democratización, aquellos que aspiran a repartir riqueza y poder, son impotentes sin una base social y cultural concreta. Valga decir, sin opinión pública y medios de comunicación propios, sin ideas y propuestas efectivas que se puedan encarnar en resultados concretos, sin sindicatos independientes, sin economías propias (principalmente cooperativas), sin espacios de agitación y acción (principalmente centros sociales), sin movimientos vivos y capaces de multiplicarse en terrenos sociales llenos de aristas (como ha probado el movimiento de vivienda). La izquierda que trata de representar todo lo anterior es sólo un epifenómeno, justamente, de todo lo anterior.

En esta dirección, el sábado 26 de enero se pone en marcha un amago de lo que podría ser a medio, muy medio plazo, un proceso de renovación de este proyecto. Se ha dado el nombre de Bancada Municipalista y parte de los municipalistas, los persistentes críticos con la gestión de Carmena. Si la opción del lector sigue siendo electoral, no busquen aquí milagros. La apuesta de La Bancada está, antes que nada, en elaborar un análisis y una crítica fundadas.

Así pues, no terminemos cegados por la bruma. Afortunadamente, la vida sigue y aunque la Nueva Política haya perdido su oportunidad, no hay ninguna derrota definitiva. La esperanza camina hoy con otro paso. De todo aquello en lo que la izquierda se funda (movimientos, espacios, sindicatos) hay ya bastante creado. Algo seguramente está por despertar.

 

Emmanuel Rodríguez (@emmanuelrog)

Publicado en CTXT el 22 de enero de 2019