¿Quién quiere romper el movimiento feminista?

Tanto la manifestación como las diferentes huelgas que el año pasado movilizaron a cientos de miles de mujeres durante el 8M –en 120 ciudades españolas– se están coordinando en asambleas locales abiertas. Así como en encuentros estatales donde participan mujeres de las distintas regiones. La dimensión de lo que se logró el año pasado da cuenta de la complejidad de ese trabajo de preparación de un evento de dimensión internacional. En esas asambleas se pueden llegar a encontrar cientos de mujeres para discutir, proponer, elaborar manifiestos, pensar acciones… Un ejercicio virtuoso de composición entre personas diferentes que muchas veces no comparten trayectorias previas de militancia; un eco del 15M que se ha materializado en el movimiento feminista actual.

Organizar simplemente una de las asambleas que mensualmente se celebran en Madrid conlleva mucho tiempo de trabajo invisible más necesario en tanto no operan aquí jerarquías y cadenas de mando. Las feministas hablamos de tareas de “reproducción”, en este caso, de las dinámicas asamblearias: pensar formas para incluir a las personas nuevas, generar espacios donde se puedan expresar la mayoría de voces, y posibilitar que se despliegue y se exprese esa pluralidad. Las asambleas a las que hemos podido asistir en Madrid han sido espacios en los que vislumbrar la potencia de lo colectivo, acogedoras, alegres y respetuosas, aunque también con tiempos para la discrepancia y el debate. Sin embargo, el pasado jueves en Madrid, un grupo de mujeres irrumpieron las dinámicas habituales mediante gritos e insultos. (Ya se había producido algo parecido en Barcelona el mes pasado y es probable que se de también en otros lugares.) Su única propuesta: introducir una autoproclamada comisión abolicionista saltándose los procedimientos habituales y consensuados de toma de decisiones. Hay que señalar que estas dinámicas que tratan de romper los espacios de coordinación del 8M no han sido espontáneas.

Consenso como forma de construir un sentido común

Las asambleas del 8M tratan de sumar a cuantas más mujeres en torno a contenidos compartidos para construir una movilización masiva y plural, por eso su andamiaje se construye sobre el consenso. Es decir, se asumen y se trabajan aquellos puntos que se van incorporando al sentido común de las participantes, y que en realidad provienen de las luchas vivas que alimentan el tejido del movimiento. Por eso el abolicionismo no es un punto del manifiesto del 8M, porque el movimiento feminista está muy dividido respecto a la cuestión de la prostitución. Por supuesto, en el manifiesto estatal sí está recogida expresamente la lucha contra la trata con fines de explotación sexual. (En Barcelona, sin embargo, el manifiesto del año pasado ya se posicionó recogiendo demandas de las trabajadoras sexuales porque sus luchas hace tiempo que han permeado el espacio de los movimientos sociales de la ciudad.) De hecho, en las asambleas del 8M hay personas que se consideran abolicionistas y otras que no, que llevan tiempo colaborando y que asumen en general que en esos espacios hay que dejar de lado un debate que ahora mismo es irresoluble.

Por otra parte, a la manifestación cada quien va con sus pancartas, sus lemas y sus cánticos. No le pide a nadie que renuncie a sus ideas. Pero las ideas propias no se pueden imponer tensando los espacios colectivos. Hay otros espacios del movimiento desde donde se pueden trabajar las posiciones abolicionistas.

¿Quién está intentando instrumentalizar el abolicionismo?

El debate sobre la prostitución lleva muchos años presente en el feminismo también en nuestro país. Sin embargo, últimamente está emergiendo con una virulencia especial. De hecho, hay muchas abolicionistas que no se sienten representadas en la polarización radical del debate o las formas poco […]

18 febrero, 2019|Blog general, La señora de Margaret, portada, Sobre la marcha|

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