#ForoDM Operación Madrid Nuevo Norte ¿Urbanismo del cambio o macroproyecto neoliberal?

Cuando Ahora Madrid llegó al gobierno del municipio madrileño, eran muchos los retos sociales y políticos que se presentaban desde el inicio de la legislatura, aunque quizá el más urgente radicaba en la dimensión urbana de la ciudad: tras la burbuja inmobiliaria, la espiral de desahucios de los últimos años y la precariedad abonada por los recortes del Partido Popular, el urbanismo debía dar un giro radical. Además de reequilibrar el territorio y revertir las dinámicas del modelo de ciudad neoliberal, un modelo que ha convertido a Madrid en la capital europea de la segregación, el ‘gobierno del cambio’ debía enfrentarse a conflictos urbanísticos heredados. El caso más conocido es el de la Operación Chamartín, un macro proyecto que llevaba la impronta de la última burbuja.

El programa electoral de Ahora Madrid abogaba explícitamente por la la paralización del proyecto de Chamartín, el impulso de una auditoría y la apertura de un proceso participativo que buscase alternativas. Durante un tiempo, el equipo de gobierno -liderado por Manuela Carmena- mantuvo esta posición, señalando lo innecesario de una operación que insistía en las lógicas urbanas que habían desembocado en la crisis. Tras una revisión inicial del proyecto que atajaba algunos de sus aspectos más problemáticos -reduciendo edificabilidad, número de viviendas, obras superfluas e impacto ambiental-, la candidatura parecía dispuesta a transformar lo que a todas luces era una intervención especulativa sobre el territorio. Sin embargo, la reciente escenificación de acuerdo entre el ayuntamiento, Distrito Castellana Norte (DCN) y el Ministerio de Fomento parece haber devuelto a la Operación Chamartín -ahora rebautizada como Madrid Nuevo Norte- el carácter especulativo y desequilibrador del proyecto inicial.

Han sido muchas las voces que desde diferentes espacios -políticos, sociales y expertos- se han manifestado en contra de este acuerdo, tanto por su unilateralidad como por el carácter mismo de la nueva operación. ¿Estamos ante un nuevo “pelotazo” urbanístico? ¿En qué lugar quedan las medidas de reequilibrio territorial frente a un mega proyecto como este? ¿No insiste esta operación en una dualización segregadora del tejido urbano? ¿En qué medida es beneficioso este proyecto para una ciudad atravesada por la desigualdad? ¿Qué impacto en la movilidad urbana se seguirá de su desarrollo?

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