Puerta del Sol. Madrid, 15 de marzo. 16:40 aproximadamente. Un senegalés que se dedica a la manta, Mamadou –nombre supuesto– está vendiendo mercancías cerca de la parada de metro que está pegada a la Calle Mayor. Ese día hay varios grupos de manteros, uno en la calle Preciados y otro en Carmen. Mamadou oye el aviso y ve correr a otros compañeros que huyen desde esta última calle. Suenan sirenas. Tira del hilo que rodea la manta y sale corriendo con sus mercancías junto con sus compañeros. La policía les sigue por la calle Mayor, donde se dividen en varios grupos. Él y otros compañeros suben por Postas. Corren. La policía les sigue de cerca. Al desembocar en la Plaza Mayor ve a su amigo Mame Mbaye con otros compañeros cerca de la salida de la plaza. Mamadou les grita que no corran más porque la policía ya no les sigue. Siguen andando hacia sus casas en Lavapiés. Otro día de carreras parece llegar a su fin.

Mamadou aprieta el paso para llegar junto a Mame y su compañero. “Si estás en Lavapiés solo, te pueden detener o quitar las mercancías. Si estás con tres o cuatro, por lo menos puedes hablarlo, negociar para que te dejen ir”, dirá después. Cuando llega a la altura de su amigo ya está en el barrio. Este le cuenta que se encuentra mal.

—Bueno, ¿puedes andar? Vamos a tu casa tranquilamente, ya estamos llegando– responde Mamadou.

Después de unos metros, Mame se desploma en la Calle Oso. Mamadou le coge la lengua “para que no se la trague”. Otro compañero se lleva las mercancías para que Mame las pueda recuperar luego. Se acerca una pareja de españoles que les intenta ayudar. Mamadou llama al SAMUR pero las palabras en castellano no le salen, aunque normalmente habla muy bien. Es incapaz de decir nada, así que el hombre que se había parado pide ayuda por él. Son las 16:54, como quedará recogido en las llamadas al 112. Al cabo de unos cinco minutos aparece un coche patrulla de policías municipales que empujan a Mamadou y empiezan las tareas de reanimación mientras alejan a sus compañeros. “No volví a saber nada de él hasta que me dijeron que había fallecido”, concluye Mamadou.

Estos son los hechos contados por Mamadou y los compañeros de Mame Mbaye que vendieron con él esa tarde. Los horarios de las actuaciones del Servicio de Asistencia Municipal de Urgencia y Rescate (Samur) lo confirman, como recoge El Salto. Mame Mbaye, senegalés de 34 años, murió allí mismo de un infarto de miocardio.

Mame Mbaye. Foto cedida por sus amigos

La noticia circulará de forma confusa a través de las redes sociales y esa misma tarde lo recogerán los principales medios: “Muere un mantero en un control policial contra la venta ambulante en Lavapiés”. A los medios les llegó la noticia través de las agencias Europa Press –que atribuye la información a fuentes de la Jefatura Superior de Policía de Madrid”– y EFE –que habló de fuentes policiales.

Por la noche, Lavapiés se incendió durante el levantamiento del cadáver. Las imágenes de disturbios asociados a la muerte de un migrante internacionalizaron la noticia. Por redes sociales circulará también el vídeo de un senegalés, Arona Diakhate, 38 años, en actitud pacífica y desarmado, al que varios policías nacionales asestan repetidos golpes en la cabeza. Al día siguiente, las protestas continuaron, esta vez contra el cónsul de Senegal.

después de las movilizaciones del Sindicato de manteros, Barbero ha reconocido el 22 de marzo que Mbaye falleció a raíz de una operación policial. A día de hoy, la única versión pública sobre su desarrollo es la de los manteros

Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid confirmó la versión de la policía municipal, admitió el operativo previo, pero trató de desvincular la muerte de la persecución, como si fuesen dos hechos sin relación: “Ni en el momento de la parada, ni en los minutos anteriores hubo ningún tipo de intervención policial”, dijo Javier Barbero, el concejal de Salud, Seguridad y Emergencias. “Respaldamos el trabajo policial habitual que tiene que ver con la cumplimiento de la normativa y la protección de los derechos humanos. No hay que dar por hecho” que haya habido violencia policial”, añadió. Y anunció una “investigación”. Barbero no informó de cómo fue el dispositivo policial, solo lo calificó como “una de las intervenciones habituales”. Finalmente, después de las movilizaciones del Sindicato de manteros, Barbero ha reconocido el 22 de marzo que Mbaye falleció a raíz de una operación policial. A día de hoy, la única versión pública sobre su desarrollo es la de los manteros.

Para ellos, no hay dudas: “Mame Mbaye ha muerto por culpa del estrés de las persecuciones de la policía municipal por vender en la manta”, dice Malick Gueye, portavoz del Sindicato de Manteros y Lateros de Madrid. Según explica, “Mbaye llevaba 13 años en España y nunca le han dado los papeles. Había pedido la regularización dos veces y siempre le han puesto barreras para no darle los papeles porque era mantero. Y él solo estaba en la manta para poder sobrevivir”. “Al final, le han matado”, dice Gueye.

Al día siguiente de la muerte, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, declara que los disturbios habían sido provocados por “antisistemas radicales” que no pertenecían al barrio y los desvincula de los migrantes. En Madrid, el PP empezará a acusar a Ahora Madrid de crear “el caldo de cultivo” y “alentar” los disturbios de Lavapiés.

Todos contra Carmena y Podemos

Empieza a perfilarse la estrategia comunicativa de los sectores “antipodemos” y de la derecha mediática. Así, el sábado 17, las portadas de medios como El País, El Mundo, La Razón o ABC –y en muchas televisiones y radios– lanzan la versión de que –en contra de lo que dijeron algunos de estos medios al principio– la muerte no estaba en absoluto relacionada con la persecución. Así, los disturbios son culpa de la gente “de Podemos” –incluyendo aquí también a concejales de Ahora Madrid– que tuitearon esa noche hablando de la redada policial. Según esta versión, los disturbios han sido llevados a cabo por radicales antisistema, que aparecen así vinculados de forma nebulosa a Podemos. Un discurso muy similar y con parecidos argumentos al del PP y C’s, que piden dimisiones en el Ayuntamiento. La del concejal de seguridad, Barbero, por informar tarde. Las de la portavoz Rita Maestre y de la concejala de Ahora Madrid, Rommy Arce, por sus tuits.

Esta construcción argumental aparecerá, por ejemplo, en el editorial de El País: Tensión en Lavapiés: Los antisistema aprovechan la muerte de un ‘mantero’ para desestabilizar. Donde, además, los manteros aparecen como “el eslabón más débil de una cadena que dirigen mafias criminales de falsificación y explotación”. Es decir, solo son víctimas y por tanto, hay que perseguir la manta y buscar “salidas humanitarias” para ellos. Una idea bastante alejada de las demandas de los propios manteros, que piden la despenalización y el fin de la persecución.

El ABC titula: “Vandalismo antisistema en Lavapiés. Podemos manipula la muerte natural de un inmigrante”. Mientras que el El Mundo afirma: “Un bulo de Podemos incita los graves disturbios en Lavapiés”, insistiendo en la culpabilidad de tuits como el del portavoz de Podemos en Madrid, Ramón Espinar o el de la concejala Rommy Arce: “Lucrecia Pérez, Samba Martine… Hoy Mmame Mbage. Los “nadie” víctimas de la xenofobia institucional y de un sistema capitalista que levanta fronteras interiores y exteriores. El pecado de Mmame: ser negro, pobre y sin papeles”.

El papel de los sindicatos policiales

Los medios públicos y concertados se apoyan en las declaraciones del presidente de la Asociación de Policía Municipal Unificada (APMU), Carlos Bahón, que llega a decir que Mmame ni siquiera era mantero y que fueron “colectivos anticapitalistas y de extrema izquierda” ligados a Podemos los que “manipularon a la comunidad senegalesa”. Tesis que también repiten los medios contraviniendo todas las pruebas disponibles, incluidos los testigos del barrio, o los testimonios de los propios manteros, que solo se recogen para “dar color” a ”perfiles humanos” del fallecido. Así, el ABC llega a decir: “El ciudadano senegalés no era mantero ni estaba huyendo de la Policía, sino que sufrió un paro cardiaco andando por la calle”, versión manipulada que también recoge El País.

Además de diseminar versiones falsas, tanto la APMU como la Unión de Policía Municipal (UPM) se han querellado contra el cofundador de Podemos, Juan Carlos Monedero, la concejal Rommy Arce y el portavoz del sindicato de manteros, Malick Gueye, por “incitación al odio” –por “criticar la actuación de los agentes y culparlos de la muerte del hombre fallecido”–. Misma estrategia por parte del PP y de Cs en el ayuntamiento de Madrid y con parecidos argumentos. Además, El Salto ha desvelado que existe un vínculo directo entre el sindicato UPM y C’s, ya que Begoña Villacís, líder madrileña de esta formación, es también administradora del despacho de su marido, el que interpone la querella.

Por su parte, el Colectivo Profesional de Policía Municipal (CPPM) –el principal sindicato del Cuerpo– interpone otra querella contra la concejal Rommy Arce, de origen peruano. Este sindicato ha sido asociado a grupos neonazis. Su anterior portavoz, Julián Leal, tuvo que dimitir de ese cargo el año pasado por haber participado en una concentración ultraderechista contra los miembros de la Mesa del Parlament imputados por la Audiencia Nacional. Leal acudió a esta protesta convocada por el Hogar Social Madrid –organización neonazi que habitualmente lanza proclamas contra los migrantes–. Leal continúa como liberado sindical y en el Tribunal de oposición con un puesto de observador como representante de la Junta de Personal de la Policía de Madrid, órgano que sigue presidiendo. Este sindicalista ha aparecido también en actos organizados por el PP en Boadilla del Monte junto al alcalde, como el que consistió en repartir banderas de España.

Leal también es uno de los participantes en el chat de WhatsApp en el que se lanzaron amenazas contra Manuela Carmena y otros dirigentes políticos de izquierdas, se hicieron comentarios racistas y se llegó a exaltar a Hitler. El asunto lo investiga un juez de Madrid y hasta ahora han sido suspendidos tres agentes por amenazas a la alcaldesa. “En Ceuta y Melilla hay que entrar con lanzallamas y bayonetas. Y electrificar la valla [de Melilla]. Que se mueran de hambre, no me dan ninguna lástima”, dice en el chat uno de los agentes. Leal interviene en esta conversación aplaudiendo este comentario y sugiriendo que se lapide a los inmigrantes.

La relación del actual gobierno de Manuela Carmena con estos sindicatos ha sido tensa desde el principio. El CPPM le hizo un escrache al concejal de Seguridad, Javier Barbero, en 2016 por reducir el número de fuerzas policiales con funciones de antidisturbios. También han protestado por cosas como el Plan de Derechos Humanos que pretendía poner en marcha un comité ético para vigilar las actuaciones de los agentes. El jueves 22 estos sindicatos han convocado una concentración para pedir su dimisión.

Sindicato de Manteros y lateros

Muchos de los manteros están organizados en su propio sindicato en Barcelona y en Madrid. En el caso de Barcelona, el Sindicato de Manteros ha dicho que la persecución de la venta ambulante es utilizada por la policía municipal para “presionar al Gobierno de Colau” y que el Ayuntamiento, en vez de apoyarles, ha respondido con más persecución. En Madrid, algunos manteros reportan que tras ser agredidos por policías municipales han recibido la respuesta: “Ve a quejarte a tu amigo Barbero” [el concejal de seguridad].

el Sindicato de Manteros y Lateros señala que, según los datos del propio Ayuntamiento, las actuaciones policiales en relación a la venta ambulante han aumentado un 43% desde el año pasado

Es cierto que este asunto ha sido complicado para los ayuntamientos “del cambio”. En Madrid, desde el Sindicato de Manteros y Lateros tampoco se muestran muy contentos con el consistorio. Dicen que, según los datos del propio Ayuntamiento, las actuaciones policiales en relación a la venta ambulante han aumentado un 43% desde el año pasado. A cada campaña mediática impulsada por la derecha donde se decía que con este gobierno no se perseguía la venta ambulante, el concejal Barbero ha respondido con declaraciones como la de la reciente rueda de prensa: “No hay ninguna orden de no actuar contra el top manta”. De hecho, y tras una campaña de la oposición en medios donde se decía que había aumentado el número de manteros, en agosto de 2016, se puso en marcha un plan policial cuyo objetivo era “expulsar del centro de Madrid a los trabajadores de la manta”. Hoy Ganemos, uno de los sectores de Ahora Madrid, ha dicho en un comunicado reciente que “debe abrirse un verdadero debate público sobre lo que ha significado este plan policial contra los manteros y sus consecuencias”.

El Sindicato de Manteros también denuncia la “brutalidad” de los operativos. Lo cierto es que existe una cierta discrecionalidad a la hora de perseguir la venta ambulante: no es lo mismo acercarse para pedir documentación o abrir un parte que perseguirles con motos. En las redadas, según los manteros, la policía corre detrás de ellos, pero también se comunican por radio entre sí, de forma que a los manteros que huyen los esperan en Lavapiés y les van saliendo al paso con motos y coches: de ahí que los manteros suelan huir en grupos.

Desde las organizaciones sociales del barrio se han dedicado a documentar agresiones que evidencian un uso desproporcionado de la fuerza y han conseguido recoger 13 testimonios de agresiones policiales en los últimos tres años, casos con nombres y apellidos, que han denunciado ante el Defensor del Pueblo y ante el Ayuntamiento. Algún caso también está judicializado. “La policía ha intensificado las actuaciones en algunos casos y por parte de algunos agentes –no podemos generalizar–, que actúan de manera bastante agresiva”, explica Marta Herrero, abogada del Sindicato. Sin embargo, hay muchos más casos, Herrero comenta las dificultades para que los agredidos puedan denunciar: desde la imposibilidad de identificar a los agentes hasta el miedo. En estas denuncias se recogen amenazas de los agentes y frases como “negro de mierda, vete a tu país”. “Viven en un estado de alerta permanente, pero lo único que hacen es intentar ganarse la vida”, explica Herrero.

El Sindicato de Manteros pide una revisión de los protocolos policiales. “La policía debe preocuparse de que no haya delitos y también de garantizar la seguridad de todos. El 15 de marzo, una ciudadana francesa resultó herida como consecuencia de la persecución. La manera en la que se están llevando las persecuciones pone en peligro la seguridad de las personas que están en la vía pública y de los manteros”, dice Herrero, que recuerda que un un latero fue atropellado durante una de estas persecuciones.

El sindicato también pide la despenalización de la venta ambulante que el PP convirtió en delito en 2015 y que ahora está penalizada con hasta dos años de cárcel. Aquellos que son condenados por esta actividad y tienen antecedentes no pueden regularizar su situación. Aunque las multas –también es falta administrativa– les pueden dificultar la regularización por igual, y los papeles son necesarios para buscar otros trabajos. “Si hay voluntad política, los manteros cuando tenemos alternativas salimos de la manta. La manta no es el sueño de ningún mantero”, concluye Malick Gueye, portavoz del Sindicato de Manteros.

 

Nuria Alabao (@nu_alabao)

Publicado en CTXT el 21 de marzo de 2018