Este texto es una síntesis de algunas líneas de discusión surgidas en los talleres y espacios de trabajo de las Primeras Jornadas de Municipalismo, Autogobierno y Contrapoder, celebradas en Málaga los días 1, 2, y 3 de julio y con la participación de más de 200 personas de 30 ciudades del Estado español y otros países como Italia, Inglaterra, Austria y Alemania. Pretende servir menos como resumen de todo lo hablado que como apuntes compartidos por la mayoría para seguir pensando juntas en la construcción del movimiento municipalista.

El movimiento municipalista y la cuestión de la organización

1. El movimiento municipalista reivindica su autonomía respecto de cualquier partido o instancia centralizada, su método de construcción democrática y sus raíces en las ciudades y localidades en las que han crecido las iniciativas municipalistas.

2. No obstante, las candidaturas y movimientos municipalistas se emplazan a forjar una política de alianzas diversas capaz de acompañar y empujar los conflictos centrales que atraviesan la escala municipal: la oposición a la Ley de estabilidad presupuestaria –Ley Montoro–, la urgencia habitacional, la deuda municipal y los procesos de remunicipalización de servicios públicos/comunes como el agua o la creación de nuevos servicios municipales como las operadoras eléctricas.

3. Un horizonte deseable podría consistir en la articulación de una red de candidaturas y movimientos. A fin de construir esta red federada se recomienda apoyar el sostenimiento de medios de comunicación autónomos y la creación de otros nuevos, capaces de acompañar estos procesos, marcar agenda pública y elaborar discursos orientado a generar un nuevo sentido común social.

4. El municipalismo consiste también en imaginar estrategias para dotar de recursos e impulsar desde las instituciones un nuevo ecosistema de movimientos y experimentos institucionales –una nueva institucionalidad–, preservando a su vez la agenda autónoma de los propios movimientos.

Espacios sociales y centros de gestión ciudadana

5. Uno de los retos del municipalismo reside en conseguir el reconocimiento social e institucional de la entidad y la autonomía de los espacios y centros sociales de gestión ciudadana que hacen efectivo el derecho a la ciudad y a la participación democrática.

6. De este reconocimiento explícito se extrae la necesidad de que los ayuntamientos aporten recursos e infraestructuras públicas de uso común de acuerdo con una agenda social que, o bien ya ocupa y gestiona espacios, o reclama activamente la cesión de otros: nuevas normativas, cesiones, etc.

7. También se quiere promover la generación de espacios de encuentro entre los compañeros activos en el frente institucional y en los movimientos que gestionan espacios sociales. El objetivo es la elaboración de un discurso propio capaz de extender su legitimidad y posicionar el conflicto en el corazón del derecho a la ciudad.

Sindicalismo social y derechos sociales

8. El desmantelamiento del Estado del bienestar hace cada vez más imprescindible la autoorganización social a fin de hacer efectivos los derechos sociales. Esto es básicamente lo que llamamos sindicalismo social. En un horizonte de precarización e informalidad crecientes, los lugares de trabajo pierden centralidad como espacios de conflicto, por eso hay que imaginar nuevas formas de lucha capaces de producir derechos. Es hora de discutir colectivamente qué nuevas formas de sindicato necesitamos.

9. El movimiento municipalista debe ser un lugar privilegiado para el apoyo, impulso y acompañamiento de iniciativas como la PAH, Yo Sí Sanidad Universal, los comedores autónomos, etc., donde se genere autoorganización a partir de la politización de los problemas colectivos y la construcción de estructuras de ayuda mutua.

10. El barrio puede ser un lugar privilegiado de coordinación de experiencias a escala territorial, pero también se pretente apostar por aumentar la escala y la capacidad de la red municipalista. Se propone, también, experimentar con formas de sindicalismo social que combinen distintos aspecto ahora separados: vivienda con sanidad, cuestiones laborales o de alimentación. También se quiere generar estructuras de comunicación común y de defensa compartidas.

Trabajo, cooperativismo y remunicipalización

11. El mantenimiento de la calidad y la universalidad de los servicios públicos resulta esencial en la batalla contra el neoliberalismo y en la propia redefinición de lo público; se trata de un terreno que permite ensayar experimentos de democratización, autogestión o cogestión. Por eso instamos al movimiento municipalista a encontrar vías comunes para la recuperación/creación de nuevos servicios públicos y para abrir procesos de conflicto capaces de activar y apoyarse en la movilización ciudadana.

12. Para ello, conviene federar esfuerzos y socializar la información generada en los distintos municipios donde existen tanto ejemplos exitosos de remunicipalización como de creación de nuevos servicios. Esto incluye otras herramientas que permitan mejorar la calidad del trabajo en externalizaciones o subcontratas –cláusulas sociales, resquicios legales– y también experiencias de cesión a cooperativas de trabajo, así como los nuevos modelos de cogestión que seamos capaces de inventar.

13. Hacemos un llamamiento a pensar la posible desobediencia coordinada entre distintos municipios a las leyes que limitan la capacidad económica, de endeudamiento o de contratación de estos ayuntamientos, principal escollo a la recuperación de los servicios públicos/comunes.

14. Es necesario lanzar líneas de actuación que permitan reforzar el tejido cooperativo a medio/largo plazo utilizando las instituciones públicas como socios privilegiados. Las instituciones deben servir también de apoyo para acometer apuestas de creación de cooperativas en sectores avanzados con mayor necesidad de inversión. Este apoyo se hará respetando la autonomía del movimiento cooperativo.

La Europa de las ciudades rebeldes

15. En Italia y otros países se están llevando a cabo iniciativas inspiradas en el impulso municipalista que se está produciendo en el Estado Español. El municipalismo y la federación de ciudades a escala europea tiene que ser un espacio privilegiado para la construcción de una Europa contra la austeridad, pero también contra los racismos y fascismos en auge en distintos países del continente, tal y como se evidencia con la tragedia humana de los refugiados.

16. Los gobiernos municipales “del cambio” han sido los primeros en alzar la voz contra el tratamiento intolerable a las personas migrantes y refugiadas y la desigualdad creciente en el seno de la UE. No obstante, estas protestas han de traducirse en procesos y desafíos sustantivos, no solo retóricos. En la perspectiva de estas jornadas está la apuesta por una red de contrapoderes políticos, fiscales y económicos de las ciudades y pueblos rebeldes. Un contrapoder que no ha de entenderse solo como contraparte o contrapeso del “verdadero” poder, sino como un nuevo poder que transforma el poder, un poder constituyente.

17. Este contrapoder es una de las vías abiertas para desbloquear las luchas sociales y políticas del Sur europeo y hacer que estas tengan impacto en la dinámica de la UE. El eje municipalista es uno de los capítulos faltantes que más se hace notar en el drama europeo, paralizado por la dialéctica entre los Estados nación y entre estos y las instituciones de la UE (Eurogrupo, Comisión, Consejo europeo). Una red de ciudades rebeldes puede hacer materialmente otra Europa, al mismo tiempo que combate y destruye la Europa de la austeridad, el autoritarismo financiero, la xenofobia y la oportunidad para el fascismo y la guerra.

Hasta el próximo encuentro que está previsto que sea en Iruñea-Pamplona en noviembre/diciembre. ¡Allí nos encontraremos para seguir trabajando! ¡Municipalistas del mundo, uníos!

 

Publicado en Diagonal el 13 de julio de 2016