#ForoDM ¿De qué hablamos cuando hablamos de feminización de la política?

En los últimos tiempos se ha discutido mucho sobre feminización de la política. Esto es, para empezar, una muy buena noticia. Hablar “en femenino” empieza a cotizar al alza en ciertos ámbitos de la política, lo que redunda en una oportunidad de agencia importante para las mujeres en general —tomamos la palabra, nos visibilizamos, ponemos en el centro del debate público cuestiones que nos afectan—, y, muy especialmente, para el movimiento feminista.

A la vez, estos tiempos políticos de apuesta institucional imponen cierta instrumentalización y relaciones de competencia en torno a la cualidad repentinamente valorada de “la feminización”. Es decir, en vez de profundizar en los posibles desarrollos políticos emancipatorios que comportaría lo que, desde nuestra perspectiva preferimos denominar “devenir feminista” de la política, la potencialidad transformadora se tiende a encerrar entre las reduccionistas —cuando no mezquinas— rejas del quién tiene más o menos rostros de mujer en una lista, del quién respeta más las “cremalleras”, las cuotas, del quién usa más obedientemente los lenguajes de género políticamente correctos.

¿Una nueva versión del quién “la tiene más grande” en clave de feminización de la política? ¿Qué entendemos entonces por “feminización” de la política? ¿Qué aportan los feminismos a la política, tanto la institucional como la no institucional? ¿Cuáles serían los retos tanto del movimiento feminista como de las apuestas políticas principalmente protagonizadas por mujeres —luchas por la vivienda, por la tierra y sus frutos, por el acceso a derechos en los ámbitos laborales feminizados como el trabajo doméstico, las camareras de piso o el trabajo sexual—, en su empeño por sustituir el eje de organización social capitalista —la obtención de beneficio—, por otro que pusiera en el centro la interdependencia e igual valor de las vidas?

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