[:es]Pero ¿es que ha muerto Ahora Madrid? Eso presupondría que alguna vez estuvo vivo, al menos como proyecto municipalista transformador, esto es, como experiencia real de democratización de la política local.

Recapitulemos. Ahora Madrid ganó las elecciones tras una campaña en donde se juntaron cuatro factores. De una parte, un momento de movilización ciudadana expresada en el terreno electoral. Como en otras ciudades, miles de personas apostaron por un cambio tras años de un gobierno neoliberal particularmente desquiciante, y protagonizado por personajes como Ana Botella o Ruiz-Gallardón. En segundo lugar, la combinación de las redes de movimiento volcadas en la apuesta municipalista; éstas permitieron la activación subterránea de una serie de formas de autoorganización que animaron la campaña por abajo y que dieron una legitimidad nueva a la candidatura. Factor esencial fue también la “unidad popular”: la articulación de diferentes agentes en un proyecto común, algo poco usual en un espacio político tendente a la dispersión. Por último, la candidata, Manuela Carmena, que jugó un papel atractor (seguramente menor del que se supone) para un electorado heterogéneo. En Carmena, un segmento del electorado moderado reconocía una funcionaria respetable, al tiempo que PRISA encontró, paradójicamente, en ella la figura responsable que podía disciplinar esa peligrosa combinación de podemitas, comunistas, okupas y movimientistas que teorizaban el “asalto” a las sacrosantas instituciones.

Para entender la actual situación de Ahora Madrid es necesario analizar el estado actual de esos cuatro elementos. De una parte, es evidente que la manoseada “ilusión” se ha evaporado, dando lugar a un estado de ánimo que oscila entre la pasividad, la tolerancia amable con el gobierno, la indiferencia y quizás, de forma creciente, el desencanto y el rechazo. Las redes de movimiento activas durante el proceso electoral se han ido desentendiendo de la suerte de Ahora Madrid. En algunos casos defraudadas, en otros divididas o menguadas por la entrada en el ayuntamiento de algunos de sus activos.

De otra parte, la famosa “unidad popular” no es ya ni “unitaria” ni popular. Manuela Carmena ha renegado de Podemos. Haciendo gala de su condición de jueza, está por encima de todos y de todo. Al mismo tiempo, también en Ahora Madrid, como en Podemos, ha cristalizado una lógica de familias y camarillas en permanente pugna por la posición propia, que, salvo en los sectores más críticos, se resumen en ver “quién tiene más influencia sobre Manuela”. Ante el creciente desinterés de las fuerzas sociales que auparon a Ahora Madrid al gobierno, nuestra jueza ha ejercido de “Bonaparte”: apoyándose en los sectores más moderados del grupo, ha debilitado al sector municipalista, condenándole a un continuo papel crítico. Con la estructura fuertemente presidencialista de la paupérrima democracia local española de su lado, la alcaldesa ha girado desde el principio la línea política del Ayuntamiento del cambio. Basta una simple enumeración para confirmarlo: complicidad continua con el PSOE y a veces con el PP, soporte de PRISA que en demasiadas ocasiones marca la línea del ayuntamiento, renuncia a las medidas programáticas que podían disputar la base material del poder urbano (freno a las grandes operaciones urbanísticas y a las remunicipalizaciones), pago regular de la deuda y, por supuesto, una continua recaída en el marco de las guerras culturales de inspiración neocon.

Los casos Zapata, “Reyes Magos”, “Rita”, “titiriteros”, “comisionado memoria histórica” se han visto, también, acompañados por iniciativas, declaraciones y ocurrencias de lo más variopintas. Merece la pena mencionar algunas recientes como los viajes a la City londinense para buscar inversión del capital financiero en fuga tras el Brexit (sic) o las recientes declaraciones contra la okupación. En ambos casos se separa claramente lo que es importante de lo que no. Los movimientos, la ola de entusiasmo que empujó realmente la candidatura, el proceso de cambio, quedan a un lado. Lo fundamental es, a través de una “gestión presentable”, rescatar y poner a la orden del día las viejas funciones de la ciudad como máquina empresarial volcada al turismo, el sector inmobiliario y la promoción urbana.

En definitiva, de lo que se trata ahora es de gestionar lo existente, renegando del programa diseñado colectivamente por Ahora Madrid, ese que según Carmena fue “elaborado por personas que desconocían el ayuntamiento”. (Afirmación curiosa que presupone que el conocimiento de la ciudad es monopolio de una élite tecnocrática y no de los implicados.) Por supuesto, renegar del programa significa renegar del conflicto, o más bien, desplazar el conflicto hacia los sectores que tratan de cuestionar las inercias del ayuntamiento.

Quedan dos años de legislatura y la perspectiva no parece muy halagüeña para los sectores que apuestan por un municipalismo transformador. La oferta de Ahora Madrid parece reducirse a generar nuevos acuerdos con los poderes económicos, concentrando las competencias en el núcleo reducido que sostiene a Manuela Carmena, y especialmente en “su hacedor” en la sombra, Luis Cueto. Esta política continuista en casi todo con la del PP se viene combinando con una forma de gobernanza que podríamos denominar “progre” y que ha sido “encargada” a los concejales de área. Se trata de medidas, algunas acertadas, como las encaminadas a reducir la contaminación de la ciudad, pero que, salvo excepciones (una importante es el presupuesto expansivo confeccionado por Sánchez Mato), no tocan ningún aspecto esencial del modelo de ciudad y de los poderes efectivos que se benefician del mismo. El último aderezo son las propuestas de participación ciudadana, como los presupuestos participativos, o las consultas distritales, que a pesar de sus buenas intenciones soslayan los capítulos fundamentales: las remunicipalizaciones de grandes servicios, la auditoría de la deuda o las cuestiones centrales relativas al modelo de ciudad.

Este cuadro quedaría, sin embargo, incompleto caso de reducirse a los equilibrios internos del Ayuntamiento de Madrid. Además resulta importante destacar el papel que Podemos puede ejercer en la política municipal especialmente después de Vistalegre II. El bloque ganador de esa asamblea, el llamado “pablismo”, no cuenta con un peso significativo en el ayuntamiento y sus roces con Manuela Carmena, aunque subterráneos, no dejan de ser evidentes. Grosso modo, la “incógnita” Podemos podría resolverse en tres direcciones: 1) mantener Ahora Madrid reajustando la relación de fuerzas al resultado de la última asamblea, lo que implicaría seguramente apostar por otro candidato, pues en la actual composición de Ahora Madrid los sectores vinculados al “errejonismo” son más numerosos. 2) Pactar con IU la renovación de la coalición, excluyendo al resto de sectores. 3) Presentarse solos a las elecciones. Realmente, muchas de las luchas por el poder y la “visibilidad” que atraviesa ese parlamento de camarillas en el que se ha convertido Ahora Madrid podrían resultar completamente estériles en función de la decisión que tome ese agente impredecible llamado Pablo Iglesias.

Por último, no podemos dejar de referirnos al papel que pueda jugar la “constelación municipalista”: el conjunto de grupos, iniciativas, movimientos e individualidades que dio su aval a Ganemos y luego a Ahora Madrid. Aunque cada vez más desafectos al recambio que supone Carmena, este espacio podría volverse a activar si encuentra la forma de articular una propuesta más sugerente o ambiciosa. En esa dirección parece apuntar la correosa persistencia de Ganemos como espacio crítico, de discusión y organización. Ganemos informa a los 6 concejales de las listas minoritarias de Ahora Madrid (los de IU y los “municipalistas”), al tiempo que en ocasiones consigue hacer girar a algún otro concejal en torno a sus posiciones. En alianza con distintos colectivos y movimientos, ha sido motor de muchas de las críticas y cuestionamientos que al final han conseguido modificar, con variable éxito, las políticas municipales, en asuntos como la ordenanza de escuelas infantiles, el reglamento interno de la EMVS, el caso de los titiriteros, operaciones urbanísticas como Mahou-Calderón, Chamartín, TPA o Cocheras de Cuatro Caminos, o más recientemente en la apertura del debate sobre la turistificación del centro urbano.

No parece imposible que este conjunto de alianzas sociales se pueda plantear en el medio plazo otro proyecto municipalista, uno que realmente lo sea.

Emmanuel Rodríguez (@emmanuelrog) y Brais Fernández (@BraisRomanino)

Publicado en Ctxt el 25 de marzo de 2017

[:]