Entre Iglesias y Errejón, entre el cesarismo y la inanidad

Quizá uno de los mayores errores de interpretación de esa nueva disciplina llamada “podemología” fue creer que en el congreso de Vistalegre II se ventilaba algún tipo de combate entre proyectos políticos diferentes. Este amago de debate se nos presentó entonces en las dramatis personae de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. La decisión de ungir a este último como candidato a la Comunidad de Madrid parecía la constatación palmaria de ese error de interpretación. Como reivindicamos entonces, aquello que salió vencedor de VA2 fue una concepción cesarista o bonapartista de la política, centrada en Pablo Iglesias. No otro era el significado de la apelación “unidad, unidad, unidad”, que se podría entender también según la clásica máxima “o te unificas, o te unifico”.

El cesarismo saliente de VA2 se pudo medir en la peculiar y caprichosa equivalencia, siempre prerrogativa del líder visionario, que resultó del trueque de posiciones entre un cargo publicístico –como es la portavocía del Congreso de los Diputados– y el control efectivo de una comunidad autónoma. También entonces quedaron a la vista, aunque hizo falta un poco más de tiempo, algunos otros síntomas de cinismo político, como la renuncia del errejonismo a defender los sistemas proporcionales de elección en primarias. Al fin y al cabo, su cabeza ya había encontrado acomodo. Y ambas facciones habían acordado subordinarse a otro Bonaparte local, Manuela Carmena y su directorio de confianza en el Ayuntamiento de Madrid.

Los mismos defectos que han lastrado la trayectoria de Podemos desde la segunda mitad de 2014, y muy especialmente desde las autonómicas y municipales de 2015, se han ido haciendo cada vez más pesados para la línea oficial del partido. De acuerdo con su fofa versión de la autonomía de lo político, el peso de las decisiones tácticas debe racaer en los sondeos demoscópicos y en el posicionamiento en medios. Al tiempo, la composición de una organización democrática capaz de producir decisiones estratégicas pierde todo asomo de prioridad. Los famosos “bandazos” de Podemos son plenamente atribuibles a este peculiar maridaje entre el espeso discurrir teórico en torno al discurso de Ernesto Laclau, con la comunicología de guerrita cultural para sectores progres heredada de los gobiernos de Jose Luis Rodriguez Zapatero. Tampoco aquí ha habido grandes distanciamientos entre el pablismo y el errejonismo. En general y con alguna excepción honrosa, el pablismo ha sido una “secta errejonista” deudora de las elucubraciones y los hallazgos políticos de Íñigo Errejón.

Fuera de este marco –o frame, en el relamido lenguaje tecnocrático que hace furor en la nueva política–, apenas tenía lugar cualquier vinculación con las fuerzas materiales y sociales que empujaron el ciclo político que hizo de partera de Podemos. Detrás de aquel ciclo 15M, existía un profundo malestar por una democracia mutilada, incapaz de recoger las demandas económicas de las mayorías sociales. Pero la línea oficial de Podemos ha ido reduciendo estas demandas inarticuladas a un juego de representación política, invirtiendo el sentido del mandato original. En lugar de potenciar y estructurar la corriente de descontento procedente del cuerpo social, Podemos ha pretendido dirigir lo social desde la esfera institucional-representativa y capitalizarlo en forma de posiciones institucionales. Como se sabe, las instituciones del Estado tienen una fuerte autonomía y tienden a organizar las vidas y las cabezas de sus ocupantes. No hay un terreno intermedio, o se rompen las inercias institucionales o se reproducen. Podemos las ha reproducido, y luego las ha trasladado sobre su desarticulada esfera social de influencia.

Como era de esperar, el repliegue sobre lo institucional, lo comunicativo y lo electoral ha abierto enormes huecos sociales, que en algún momento se […]

14 mayo, 2018|Blog general, Fin de Régimen, Las armas de Brixton, portada|

OPINIÓN

INFORMES

cursos

LA CONTRAPARTE

La Contraparte - Radio VK


BLOGSDM

INSTITUTODM

 

El Instituto DM es una asociación sin ánimo de lucro dedicada a la reflexión, la formación y la creación de opinión. Su objetivo es servir de soporte intelectual y medio de discusión a la ola democrática que se abrió a partir del 15 de mayo de 2011, y principalmente a los experimentos municipalistas que han jalonado la geografía política del Estado español desde mayo de 2015.

Con la idea de favorecer la expansión de la inteligencia y de la organización de este movimiento democrático, el Instituto DM organiza cursos y seminarios, promueve y publica investigaciones y ensayos al tiempo que desarrolla una creciente labor periodística.

La génesis del Instituto así como la trayectoria de muchos de sus miembros esta ligada a la evolución y los trabajos del Observatorio Metropolitano de Madrid y de los movimientos sociales de esta ciudad.

Dirección: Beatriz García Dorado y Emmanuel Rodríguez

Comité científico: Rodrigo Calvo, Pablo Carmona Pascual, Montserrat Galcerán Huguet, Isidro López, Almudena Sanchez Moya.

publicaciones